Como muchos juegos que se han popularizado en Occidente, el keno hunde sus raíces en la tierra milenaria y legendaria de China. Según cuentan antiguas crónicas, el general Cheun Leung y su ciudad estaban en guerra, y se habían agotado los recursos para mantener el ejercito.
Cuando la gente de la ciudad se negó a pagar más impuestos, Cheung implementó un método ingenioso para conseguir recaudar dinero, invento un juego de azar: el keno.
Este juego consistía en un cartón que tenia caracteres gráficos en lugar de los números usados en la actualidad en el juego de bingo, y representaban los primeros 120 letras de un poema chino conocido como el Clásico de los mil caracteres. Seleccionaba caracteres aleatorios y de esta forma se obtenía una combinación ganadora.
El juego tuvo una amplia aceptación, ayudó a recaudar fondos para la guerra y salvar a su ciudad. Finalmente el juego fue conocido en toda China. En aquella remota época, al juego se le denominó El juego de la paloma blanca, porque las palomas mensajeras eran utilizadas para hacer llegar los resultados del juego, hasta los lugares mas alejados del país.
Y ¿cómo llega el juego a Occidente? Como otras tantas cosas que se dan en la vida de los pueblos, fue de la mano del progreso económico y el comercio.
Cuando los colonizadores americanos estaban conquistando el Oeste de Norteamérica, extendiendo las vías de ferrocarril como un símbolo de su poderío, obreros chinos, importados como mano de obra a bajo costo, trajeron consigo sus costumbres y con ellas, el juego del kino.
Este juego llamó tanto la atención de los americanos, que ya tenían juegos de ruleta y poker, y se decidieron a crear su propia versión del mismo, al que llamaron Keno, por eso de que la "e" se pronuncia como "i" en inglés. Y así, el pintoresco oeste vio surgir los salones del Keno, vulgarmente conocido como lotería china. En los Estados Unidos, la lotería era ilegal, pero en 1931 las apuestas fueron legalizadas en Nevada... así el Keno se volvió legal.
Pero la lotería seguía sin ser permitida, los administradores de los casinos, se las ingeniaron para llamar al juego Corridas de Caballos Keno, y de esta forma poder encontrar un resquicio legal.
Los números representaban un caballo imaginario y el jugador trataba de acertar el resultado de la carrera. Con el tiempo, también las carreras de caballo fueron tarifadas por el gobierno federal, y finalmente, el juego se llamó simplemente Keno.












